Despertar de una locura

Había una pequeña rendija

entre sus labios y los míos;

una rendija

por donde se escaparon las ganas de irnos

y por donde entraron

las ganas infinitas de quedarnos para siempre.

Había una pequeña rendija

en mi corazón y en mi voz

por donde se escapó

el último aliento de vida

que nos dejó ebrios de amor

o ebrios de nada,

porque tal parece que todo

fue el destello fugaz

de un sueño.

-Diana Cont

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