La mujer de los brazos mágicos


Un día conocí a una mujer, la llamaré la mujer de los brazos mágicos. Una vez me abrazó e hizo latir mi corazón tan rápido. Me llevó a un viaje alrededor de ella, un viaje que no tiene comparación, un viaje que te sana, que te quita el aliento pero al instante te devuelve la vida. Era una mujer terca, orgullosa, difícil de manejar. Pero agradezco que haya sido así, porque sabes, en cada señal de fortaleza que demostraba, en cada palabra o en cada lágrima que provenía de ella, solo podía ver a la persona más maravillosa que había conocido.

Conocí a una mujer con un alma transparente. Podías ver a través de sus ojos y mirar dentro de ella; solo si prestabas la suficiente atención te darías cuenta de lo hermoso de su ser.

Ella era la chica con la cual nunca piensas terminar enredado pero tu mamá siempre estaría orgullosa de tenerla como nuera. Quizás no era la más bella, pero había algo en ella que la hacía inigualable. Quizás era el misterio de su boca, o lo hermoso de su rostro, quizás eran sus ojos cafés; posiblemente sea la forma en cómo era tan irritable pero a la vez tan perfecta, complicada y sencilla, fuerte y tierna. Quizás era su piel blanca, o lo bello de su caminar, quizá era porque un día vio a través de mi alma y corazón y me enseñó el significado de la palabra amor. Era la clase de mujer que nunca te iba a juzgar, la clase de chica que siempre te iba a apoyar y sin lugar a dudas es la mujer con la que todo hombre sueña. Una mujer conforme al corazón de Dios. Esa es su esencia, la forma tan exagerada de resaltar, la forma tan cursi de decir te amo, la forma tan extraña de tomar té o de vestir de negro, aunque por dentro siempre lleva puesto un traje de muchos colores.

Su magia consiste en demostrarte y hacerte creer que a su lado, no hay imposibles, no hay barreras, no hay límites. Su poder es desnudar tu alma con tan solo una mirada, erizar tu piel con palabras y tocar tu corazón con solo un abrazo. Cuando la abraces y tomes su cintura y puedas tenerla lo más cerca, te darás cuenta que la perfección existe. Muchos corren detrás de las curvas, pero, te recomiendo que corras tras la mujer de los brazos mágicos.

Nathan, 28

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